Hay lugares que se disfrutan y hay lugares que transforman el alma. Esta peregrinación a Medjugorje ha sido mucho más que unos días fuera de casa; ha sido una experiencia profundamente espiritual, llena de paz, emoción y amor.
Desde el primer momento sentí que no iba a ser simplemente un destino, sino a abrir el corazón a algo mucho más grande. Cada oración, cada silencio, cada subida, cada encuentro….me ha dejado una huella imposible de explicar con palabras. He llorado, reído, rezado y sentido una unión muy especial con todas las personas que hemos compartido este encuentro con nuestra Mamita María. Y gran parte de todo esto ha sido gracias a Dunia. La organización ha sido impecable de principio a fin, pero lo más importante no ha sido solamente la perfección de cada detalle, sino el cariño con el que todo estaba preparado. Se nota cuando alguien hace las cosas con el corazón, y Dunia lo ha hecho así en cada momento.
El hotel ha sido maravilloso: limpieza impecable, habitaciones cómodas y acogedoras, un ambiente tranquilo y familiar y unas comidas excelentes, preparadas con mimo y calidad. Todo estaba pensado para que nos sintiéramos cuidados y en paz.
Además, las sorpresas, los pequeños detalles y la sensibilidad con la que Dunia ha vivido esta peregrinación junto a nosotros han hecho que todo fuera aún más especial. No ha sido una organizadora más; ha sido una persona entregada, cercana y pendiente de cada uno de nosotros en todo momento.
Me llevo de Medjugorje muchísimo más de lo que llevaba al llegar. Me llevo paz, fe, emoción, personas maravillosas y recuerdos que permanecerán siempre en mi corazón.
Gracias Dunia, por regalarnos una experiencia tan entrañable, tan humana y tan llena de espiritualidad. Ha sido sencillamente inolvidable.
Virgen de la Paz, no tardes mucho en volver a traerme de nuevo a Medjugorje y que sea con Dunia, por favor.