Medjugorje significa “entre montañas”, y el Krizevac o Monte de la Cruz es la montaña más alta. En su cima se alza una gran cruz blanca. Es una montaña dedicada al rezo del Vía Crucis. Grupos de peregrinos suben en silencio, meditando las 14 estaciones del Vía Crucis con total recogimiento. Ver los pies descalzos de otros peregrinos y la devoción con la que suben no deja indiferente a nadie. Es una montaña de gracia y también de muchas apariciones de la Virgen María, pues a veces la Reina de la Paz pedía al grupo de oración, compuesto por jóvenes parroquianos y videntes, reunirse en el Krizevac para tener allí el encuentro con ellos.
El Via Crucis en el Monte Krizevac
El día que subimos el Krizevac durante la peregrinación es probablemente el día más importante. Es el día en que, si se hace bien, puede marcar un punto de inflexión en la vida del peregrino. Es el día en que te puede cambiar la vida para siempre. Medjugorje es una escuela de amor, pero también de sufrimiento, y subiendo el Krizevac y rezando un Vía Crucis especial para ello, conectado con los mensajes que ha dado la Virgen en Medjugorje, el Señor Jesús nos enseña qué debemos hacer con nuestro sufrimiento. Aprendemos a gestionarlo de forma divina, de modo que nuestro yugo sea suave y nuestra carga ligera.
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